Puedes descargarte aquí el Código Ético

IDENTIDAD - Ética y Valores

Los valores de FEAPS responden a una visión compartida del mundo, de las personas con discapacidad intelectual y de la relación de éstas con el mundo que las rodea. Desde esta concepción, los valores esenciales están recogidos en el Código Ético de FEAPS, un código que se aplica a todas las personas que tienen cualquier tipo de responsabilidad en la tarea de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual y de sus familias.

Con esta MISIÓN siempre presente, FEAPS ha configurado una serie de valores, principios y normas que afectan a todos aquellas personas implicadas en el cumplimiento de la misma: dirigentes, profesionales, familias, voluntarios, etc. y que sirven para no perder de vista nunca el horizonte de la calidad de vida.
El Código se desarrolla con un esquema semejante en tres ámbitos: LA PERSONA CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL, LA FAMILIA y LA ORGANIZACIÓN.

RESPECTO A LA PERSONA CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL

La dignidad y el valor como persona
La persona con discapacidad intelectual, como individuo, como persona, en cuanto tal ser humano, tiene valor en sí y por sí misma. Con sus limitaciones y capacidades es un ser humano con su dignidad, en esencia como cualquier otro. Es, en consecuencia, un individuo con sus características, intereses y fines propios e irrepetibles, con dignidad y valor propio, equiparables a los de cualquier otra persona.

Desde el respeto a la dignidad y al valor intrínseco, entendemos que la persona está sujeta a un proceso dinámico de cambio que le va generando necesidades, deseos, creencias y opciones individuales. Buscamos la calidad de vida, garantizando el derecho a una vida digna y al autogobierno, tratando a cada persona siendo conscientes de las diferencias individuales.

En relación con este valor se desprende, por tanto, el principio de la autodeterminación entendida básicamente como el derecho de toda persona a ser agente causal, actor, al menos parcial, del propio destino. Otro principio orientador de normas éticas es el de la individualidad que orienta hacia acciones y actitudes de respeto a la diferencia, a la identidad propia, y de apoyo al perfil exclusivo de necesidad de cada persona; no cabe aquí un colectivo indiferenciado, homogeneizado, de personas con discapacidad, cabe cada persona, digna en sí, plena, demandando del entorno apoyos concretos individualizados y en momentos concretos.

La igualdad
Por encima de sus diferencias, la persona con discapacidad intelectual, en tanto que miembro de la especie humana, es un ciudadano de pleno derecho, con necesidades, derechos y obligaciones como todos los demás.

Tiene derecho y necesidad de vivir en la comunidad, como los demás, y utilizar los mismos servicios y entornos que el resto de los ciudadanos. Esto es en suma la expresión del principio de inclusión, que alienta a la visión de toda persona como ser participante, por derecho propio, en todo contexto, entendiendo la participación como acción - interacción con poder de modelar parcialmente el contexto y con capacidad de aportar valor y riqueza al mismo.

Un segundo principio ético derivado del valor de la igualdad es el de igualdad de oportunidades de participación. La persona con discapacidad intelectual tiene potencial para crecer, desarrollarse y adaptarse al entorno. Para ello, y para ejercer sus derechos ya mencionados, necesita unos apoyos, desde un modelo de desarrollo y, si fuera necesario, con discriminación positiva.

Un tercer principio orientador de normas se refiere a la promoción necesaria de relaciones interpersonales de calidad y significativas, basadas en principios de reciprocidad, de empatía, de confianza mutua y de competencia; estas relaciones, ya sean con personas también con discapacidad, con familiares, con otras personas del entorno o con profesionales, son necesarias para la percepción personal de una vida de calidad, de satisfacción y de bienestar y felicidad. Especialmente en nuestro actual contexto sociocultural se ha de considerar la relevancia de las relaciones con personas sin discapacidad del entorno. El trato recibido por la persona con discapacidad intelectual en cualquier ámbito debe reflejar el reconocimiento de su dignidad e igualdad como persona y como ciudadano.


RESPECTO A LA FAMILIA

La igualdad
La familia de la persona con discapacidad intelectual, por encima de su singularidad y de sus diferencias, posee necesidades, derechos y obligaciones comunes en igualdad de condiciones con todas las demás familias miembros de la comunidad.

En virtud del principio ético de la dignidad, la familia tiene intereses particulares y fines que le son propios y equiparables a toda familia en cuanto a la necesidad de participar, de interactuar, de ser beneficiaria y beneficiada de una vida digna en su comunidad de referencia, en definitiva a activar procesos de inclusión utilizando recursos sociales idénticos al resto de familias.

Por encima de sus diferencias se reconocerá su potencial adaptativo y de inclusión en cualquier contexto sin olvidar su necesidad de apoyos de acuerdo a principios éticos como son la justicia derivada de la democracia participativa y la solidaridad, haciendo uso de mecanismos que potencien su desarrollo como es el caso de la discriminación positiva y de la imparcialidad en la provisión de recursos.

Tiene derecho a que la comunidad ponga los medios imprescindibles no sólo para que la igualdad sea en lo mínimo digna sino también que, al menos en parte, las familias más desfavorecidas puedan alcanzar un nivel que les permita contender con las familias más favorecidas.

En cuanto a las relaciones entre sus miembros y con otras familias, y de acuerdo al principio de autoayuda, se promoverán relaciones interpersonales basadas en la calidad, la comprensión y la confianza mutua, en el reconocimiento del otro como ser capaz de prestar apoyos y de recibirlos adecuadamente.

La relación que se establezca con la familia de una persona con discapacidad intelectual en cualquier ámbito de las organizaciones, lo profesional o en el ámbito familiar deben plasmar su identificación en estos planos de la igualdad.

La familia como base de inclusión de la persona
El proceso de integración de la persona con discapacidad intelectual en la comunidad, incluyendo su ajuste personal como individuo, tiene su espacio personal y recurso principal en la familia.

Se hace preciso convenir que el marco de referencia de la familia ha de concebirse desde una perspectiva constitucional y eficiente, ello entraña su concepción no sólo como tradicional unidad familiar biparental, sino que también incluiría desde la monoparental hasta la institucional, cual es el caso de la institución tutelar. Concebido así, entendemos la familia como primer marco de referencia y socialización del individuo, es el soporte básico de la sociedad actual y de las organizaciones FEAPS más concretamente.

Como referencia socializadora para la persona con discapacidad intelectual, la familia desarrolla su influencia bajo el principio ético de la solidaridad respecto al desfavorecido, y es en virtud de su papel como proveedora de apoyos que responderá a las necesidades de todos sus miembros. Este es el fundamento del principio de autoayuda referido a la interacción entre todos sus miembros y especialmente en la relación de apoyo hacia la persona con discapacidad intelectual. La dignidad como principio hace aquí referencia al atributo de todas y cada una de las personas, en cualquier seno de desarrollo social y por ende en la familia.

Al hablar de las familias como base de la inclusión hemos de acercarnos al concepto de calidad como principio ético y condición constitutiva para cualquier sujeto – persona, como aspiración natural y cultural de cualquier sociedad moderna que entraña un plus para el desarrollo de una vida digna en solidaridad.

Los principios anteriores de solidaridad, dignidad y calidad toman sentido en el principio de autoayuda, como el resultado de la autenticidad y materialización en la que se resumen los mismos. Es la contrapartida de la plenitud de la libertad que de suyo no pueden ejercer o no disponen de forma natural y común las personas con discapacidad intelectual.


RESPECTO A LAS ORGANIZACIONES

Los VALORES que FEAPS reconoce, proclama y defiende en su movimiento asociativo: el servicio, el apoyo mutuo, la reivindicación, la participación, la ausencia de ánimo de lucro y la transparencia en la gestión, la calidad.

FEAPS reconoce que estos valores, principios de comportamiento mejor que su contrario, no sólo deben identificar a nuestras organizaciones distinguiéndolas de otras, sino que su aplicación es imprescindible, aquí y ahora, para garantizar la defensa de los derechos de la persona con discapacidad intelectual y los de su familia, y para el adecuado cumplimiento de nuestra misión.


SERVICIO

La vocación de servicio a la persona con discapacidad intelectual y a su familia es la concreción que dentro del movimiento asociativo FEAPS adquiere el principio de acción humanitaria, principio que mueve a las personas y a las sociedades a prestar ayuda a sus semejantes en situación de sufrimiento o fragilidad.

La dignidad de la persona humana, la justicia y la solidaridad, son los referentes éticos que justifican y orientan la acción humanitaria.

Este valor básico y fundamental existe y configura nuestro movimiento asociativo incluso antes de que éste existiera como tal, confiriéndole el carácter de universal, altruista, no paternalista, responsable ( técnicamente eficiente) independiente y reivindicativo, centrado en necesidades reales no cubiertas, y partícipe y colaborador de iniciativas semejantes.


APOYO MUTUO

El apoyo mutuo entre sus miembros constituye uno de los elementos fundamentales del movimiento asociativo.

Este valor expresa la realidad de unos lazos especiales de solidaridad entre quienes se reconocen circunstancialmente semejantes: lazos que favorecen no sólo la práctica del principio de acción humanitaria (SERVICIO) sino sobre todo la construcción de una identidad personal y grupal acorde con las circunstancias que los generan, y el marco de seguridad para que esa identidad se desarrolle adecuadamente.

En ningún caso este valor que configura el principio de solidaridad grupal debe ir en contra del principio superior de universalidad y que configura a las organizaciones FEAPS como grupos humanos solidarios, dispuestos a proporcionar ayuda a todos sus miembros, abiertos a las necesidades de todas las personas con discapacidad intelectual y que extiende su solidaridad al resto de personas y colectivos en situación de desventaja social.


REIVINDICACIÓN

La permanente exigencia de mejora demandada a sus propias organizaciones, a la sociedad y a sus representantes políticos con planteamientos basados en derechos, está en el origen del movimiento asociativo FEAPS y es un elemento fundamental para su progreso y desarrollo.

Este valor ancla su justificación ética en principios como la JUSTICIA entendida como istribución de los bienes sociales, de tal manera que todas las personas puedan vivir en el espacio común, en igualdad de derechos y oportunidades, y configura a las organizaciones FEAPS como entidades en permanente estado de vigilancia y análisis de la realidad social, dispuestas a contribuir en los cambios sociales necesarios mediante denuncias, demandas y sugerencias desde la independencia y la legitimidad de su liderazgo compartido.


PARTICIPACIÓN

El movimiento FEAPS considera la participación como el VALOR fundamental de su organización y eje básico de su desarrollo: sin participación no hay asociacionismo, no hay transparencia, no hay comunicación, no hay sentido de pertenencia, no hay calidad.
No hay proyecto asociativo sin la participación de todos.

El movimiento FEAPS alcanza la categoría de ÉTICO al entroncarse con principios éticos como la IGUALDAD, la LIBERTAD, la JUSTICIA, remitiéndonos sus prácticas al ejercicio de virtudes civiles como la HONRADEZ, la TOLERANCIA, la RAZONABILIDAD, la CAPACIDAD DE DIALOGO, la RESPONSABILIDAD SOCIAL, o la LEALTAD y la FIDELIDAD y configurando las organizaciones FEAPS como espacios donde el poder y la autoridad se ejercen como un servicio por delegación y la persona mantiene en su componente más individual, su valor y su capacidad de elección.


TRANSPARENCIA EN LA GESTIÓN

La ausencia de ánimo de lucro y la transparencia como principios de funcionamiento económico, aunque sean características propias de los movimientos asociativos relacionados con el ámbito de los social, en el caso del Movimiento FEAPS se convierten también en valores y principios éticos constituyéndose en signos externos de virtudes como la SOLIDARIDAD, HONESTIDAD y la SOBRIEDAD institucional y personal y configurando un tipo de organizaciones con dirigentes y profesionales responsables en la gestión económica, austeros en la utilización de los recursos económicos y ajenos a cualquier sospecha de lucro personal, de ostentación y de malversación de medios cuyo único fin deberá estar encaminado de forma exclusiva al mejor cumplimiento de nuestra misión.


CALIDAD

El movimiento asociativo FEAPS adopta el paradigma de la calidad no sólo como un referente técnico para mejorar los apoyos y los servicios que presta, sino como un valor que, con su aplicación práctica, favorece los comportamientos éticos con las personas; un valor que ofrece más garantías de tratos y actitudes de respeto y de dignidad de la persona.

El valor calidad cobra naturaleza ética por encarnar los siguientes principios: creer en la PERSONA –en el cliente- como miembro activo y central de la organización, teniendo en cuenta e integrando sus deseos y expectativas en la planificación y en la prestación de sus apoyos, para mejorar su calidad de vida; la INDIVIDUALIZACIÓN y la EMPATÍA, como garantía de evitar pasar por encima de las personas; la IGUALDAD entre proveedores y clientes que eviten el abuso de poder; la MEJORA permanente como antídoto de inercias siempre perniciosas; y la EFICIENCIA como uso responsable de recursos escasos.

 
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